Percy Cayetano Acuña Vigil

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Nuevos atentados terroristas: en Francia, Tunez, Kuwait, Somalia

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Reporte de los cuatro atentados: (29.06.15)

Francia investiga si el islamista Salhi recibió órdenes del exterior

El perfil de Yassin Salhi, de 35 años, es muy similar al de anteriores yihadistas franceses. Se niega a responder a la policía

http://www.dailymotion.com/video/x2vitq5_attentat-en-isere-la-protection... http://www.lexpress.fr/actualite/societe/fait-divers/en-direct-attentat-...

 
/ Saint-Quentin-Fallavier / París 27 JUN 2015 - 18:58 CEST
 

Un policía en la zona industrial de Saint-Quentin-Fallavier. / EMMANUEL FOUDROT (Reuters)

Yassin Salhi, de 35 años, el presunto terrorista que el viernes estampó su furgoneta de reparto en una fábrica con el cadáver decapitado de su jefe a bordo, tiene un perfil similar al de varios yihadistas franceses autores de ataques previos en los tres últimos años. Detenido tras su supuesta acción suicida en un centro gasístico en Saint-Quentin-Sallavier (departamento de Isére), Salhi se niega a responder a las preguntas de la policía, que analizan si el atacante recibió órdenes del exterior para cometer su acción. Sí se ha conocido hoy otro detalle escabroso del crimen del viernes: Salhi se hizo un selfie con la cabeza de su víctima y envió la foto por WhatsApp a un número norteamericano. Fuentes de la investigación han confirmado el dato esta tarde a AFP.

Hijo de un argelino y una marroquí, Salhi nació el 25 de marzo de 1980 en Pontarlier, en el departamento de Doubs, fronterizo con Suiza. Su padre murió cuando él era adolescente y su madre optó por regresar a Marruecos. Se educó en colegios franceses y comenzó pronto a trabajar. No consta que hubiera recibido ayudas sociales en los últimos años. Desde el pasado marzo, era conductor de la empresa de distribución ATC, radicada en la cercana localidad de Chassieu, en Lyon, bajo las órdenes de Hervé Cornara, de 54 años, el director comercial decapitado.

Los vecinos de Salhi, padre de tres hijos, en la localidad de Saint Priest, a unos 20 kilómetros de Saint-Quentin, coinciden en que es “discreto y hasta huraño”. Cuentan que es “muy religioso” porque a diario abandonaba a mediodía su trabajo para ir a la mezquita con su mujer, pero nunca sospecharon que fuera un radical. Su vecino del primero —Salhi ocupaba el bajo izquierda, ahora con todas las persianas bajadas— comenta que vestía “ropa muy normal” y que hace unas semanas se cortó la barba y había adelgazado mucho.

Sin embargo, Salhi sí había llamado la atención de la policía en reiteradas ocasiones. Entre 2006 y 2008 estuvo fichado por su relación con “el movimiento salafista”, como ha señalado el fiscal antiterrorista de París, François Molins. También en los años 2011 y 2014, porque mantenía estrechas conexiones con destacados salafistas en Besançon, la localidad donde había vivido hasta hace medio año, y desaparecía temporadas sin que la policía conociera sus actividades durante esas ausencias.

Francés, crecido y educado en Francia. Y sin síntomas obvios de radicalización, pero bajo vigilancia de los servicios de información. Igual que Mohamed Merah, el islamista que asesinó a siete personas en Toulouse y Montauban en 2012. Igual que Mehmi Nemmouche, que asesinó a cuatro en el museo judío de Bruselas el año pasado. Igual que los hermanos Kouachi y Amedy Coulibaly, los autores de los ataques yihadistas de enero en París.

La acción de Salhi reviste las características de los ataques ordenados por el Estado Islámico en países occidentales

La acción de Salhi, por otro lado, reviste las características de los ataques ordenados por el Estado Islámico en los últimos meses, aunque en este caso la identidad del asesinado incluye unas connotaciones personales aún no aclaradas este sábado por los investigadores. Pero tanto la decapitación como el intento de hacer estallar el centro gasístico de AirProducts, frustrado gracias a un bombero que inmovilizó a Salhi después de que estallara su furgoneta de reparto contra unas bombonas, responden al tipo de consignas lanzadas por el EI.

Una de las más contundentes se produjo el 22 de septiembre del año pasado, cuando Abu Mohamed al Adnani, portavoz del EI, difundió este mensaje a los musulmanes: “Si podéis matar a un impío americano o europeo, en particular a los malvados y sucios franceses, contad con Alá y hacerlo de la manera que sea. No preguntéis a nadie ni busquéis su veredicto”. El llamamiento fue hecho tres días después de que Francia anunciara su participación, la primera de un país europeo, en los bombardeos contra el EI en Irak.

Nadie en Saint Priest sospechó lo más mínimo de Salhi, como ahora insisten sus vecinos y vecinas. Vivía a solo 300 metros de la comisaría de la policía municipal y del ayuntamiento, donde su portavoz, Guillaume de Cock, se niega a facilitar el más mínimo dato “para no interrumpir las investigaciones”.

Mientras, los servicios antiterroristas analizan y destripan todos los teléfonos y aparatos electrónicos intervenidos en la casa de Salhi, incluidos los de su mujer, una hermana y una cuarta persona detenida. Intentan destapar a todo el que se relacionara con ellos, pero también si pudo recibir consignas u órdenes del exterior. Este era el caso del anterior presunto yihadista detenido, Sid Ahmed Ghlam, de 24 años, también nacido en Francia, acusado de intentar atacar iglesias católicas en París tras matar a una entrenadora de gimnasia.

Ghlam también fue vigilado como supuesto islamista radicalizado. La historia se repite.

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“Me dijo: ‘vete a casa, solo he venido a matar turistas”

Un testigo del atentado en Túnez dice que el terrorista se fue caminando tras la matanza

El atacante perdonó la vida a los tunecinos que le increpaban

 

SUSA (ENVIADO ESPECIAL) 28 JUN 2015 - 16:56 CEST

Ibrahim El Ghoul, testigo del atentado de Susa, este sábado ante el hotel Imperial Marhaba. / Francisco Peregil

En la playa de Susa chocaron el viernes dos visiones de Túnez. El estudiante de Ingeniería Eléctrica Saif Rezgui, de 23 años, que llevaba su Kaláshnikov escondido en la sombrilla, representa al mismo Túnez que se ha convertido en el país con más guerrilleros extranjeros (3.000) en las filas del Estado Islámico (EI). Y el joven Ibrahim el Ghoul, de 18 años, que se encontraba en la playa cuando comenzó la matanza, que protegió a los turistas y se enfrentó a Saif Rezgui, podría identificarse con la inmensa mayoría de los tunecinos que apoyan el prodigio de una transición pacífica única en el mundo musulmán.

En medio de ambos quedó una mar de víctimas, en su mayoría turistas extranjeros. Quedó también el vacío de los miles de visitantes que se marcharon de la costa al día siguiente horrorizados por las 38 vidas perdidas, y todos los que no vendrán en los próximos meses.

Al menos 25 muertos en un ataque del IS en una mezquita de Kuwait

  • Un terrorista suicida detona un cinturón de explosivos en la mezquita chií de Imam Sadiq

  • Cuerpos mutilados y ensangrentados en mitad del caos, en el templo había 2.000 personas

Las cámaras de seguridad de la mezquita graban la entrada del terrorista CRISTINA DE ROJAS (Vídeo)

Actualizado:26/06/2015 15:15 horas

Un kamikaze ha sembrado el terror este viernes en una mezquita chií de la capital kuwaití, en pleno rezo del viernes. El atentado, cuya autoría ha reivindicado el autodenominado Estado Islámico, ha dejado al menos 25 muertos y 202 heridos. Se trata del tercer ataque contra un lugar de culto chií que se registra en el golfo Pérsico en el último mes.

El blanco ha sido la mezquita Imam Sadiq, ubicada en el distrito de Al Sawabir, un barrio comercial y residencial de la ciudad de Kuwait. En un comunicado divulgado poco después de la explosión, el Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés) ha identificado al suicida como Abu Suleiman al Muwahed y ha señalado que el objetivo era un "templo de opositores" en referencia a los musulmanes chiíes.

Las crudas imágenes de los fieles fallecidos y los destrozos causados en el edificio han comenzado a circular por internet en mitad de la confusión por el número exacto de víctimas. Las fuerzas de seguridad han acordonado la zona. Un tercio de la población de Kuwait -alrededor de 1,3 millones de habitantes- profesa el credo chií.

Según varios testigos, unos 2.000 personas se congregaban en la mezquita -uno de los principales templos de la comunidad chií en Kuwait- cuando se ha escuchado la explosión. El gobernador de Kuwait, Zabet al Muhana, ha precisado que al menos ocho personas se hallan en condición crítica.

El pasado 22 de mayo un ataque similar se produjo en la mezquita chií de Al Qadih, en la provincia saudí de Al Qatif. El atacante detonó el cinturón de explosivos en el interior del lugar de culto cuando la multitud cumplía con el rezo del mediodía.

El artefacto se cobró la vida de al menos 22 fieles y dejó un centenar de heridos. Los fotogramas difundidos por televisión mostraron cuerpos mutilados y ensangrentados en mitad del caos que sucedió a la arremetida y los escombros. Desde entonces ha perpetrado, además, un atentado contra una mezquita chií en Yemen.

El pasado noviembre, en un mensaje de audio, el líder del IS Abu Bakr al Bagdadi instó a sus acólitos saudíes a atacar objetivos chiíes en el país. Poco después de la divulgación de la alocución, un hombre armado atacó una mezquita en el pueblo chií de Al Daluh durante la celebración de la Ashura cobrándose ocho vidas.

Desde entonces, las fuerzas del orden saudíes han arrestado a 77 personas supuestamente implicadas en el ataque y extremado la seguridad. Más de 2.000 saudíes han engrosado las filas del IS, que ha declarado un califato a caballo de Siria e Irak y atraído a miles de combatientes extranjeros.